La impotencia y el desazón por ver a quién se va partir sin retorno, eso se respiraba hoy en la despedida del agente de los GOA de la Policía Local de Málaga, que deja huérfano al grupo.  El Policía Alberto Ferrer, que estaba a días de cumplir los 44 años y deja a su esposa y su hijo de 8 años, ha llegado hasta el recinto de Parcemesa acompañado de sus familias, la de sangre y la de corazón, siendo su cuerpo escoltado por una comitiva encabezada por sus compañeros del GOA.